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De: José Ayala Lasso [mailto:jalmaw@outlook.com]
Enviado el: Lunes, 21 de Mayo de 2018 11:26
Para: secretaria@afese.com
Asunto: Día del Diplomático

Bruselas, 20 de Mayo de 2018.



Señor Embajador Don

Fernando Chávez,

Presidente de AFESE.

Quito


Señor Presidente:


He recibido su amable invitación para la sesión solemne y el concierto de gala que se llevarán a cabo el martes 22 del mes en curso en celebración del Día del Diplomático.  Encontrándome ausente del país, no me será posible  asistir a tales actos. Sin embargo, los consideró de tanta importancia, ahora más que nunca, que me he permitido formular algunas reflexiones que, si usted así lo decidiera, podrían ser llevadas a conocimiento de nuestros colegas.l


Lo hago, por considerarme,  irrenunciablemente,  miembro de la honrosa profesión diplomática, a la que dediqué más de cincuenta años de mi vida. Lo hago porque , en varios gobiernos, me correspondió la grave la y honrosa responsabilidad de dirigir a la  diplomacia ecuatoriana, en momentos trascendentales para la nación, singularmente durante las negociaciones que condujeron a la concertación de la paz definitiva entre el Ecuador y el Perú. Lo hago porque la diplomacia profesional ecuatoriana, cuyos altísimos grados de eficiencia y eficacia le ganaron prestigio nacional e internacional, se encuentra ahora cuestionada y criticada. Lo hago porque la manipulación de la diplomacia y la destrucción de sus instituciones, practicadas por el anterior gobierno, parecen no haber terminado. Y lo hago, finalmente, por insinuación de colegas que generosamente consideran que los años que he dedicado al servicio de nuestro país explicarían y hasta volverían útil esta iniciativa.


En primer lugar, pienso que la visión objetiva de la realidad nos lleva a reconocer que la profesión diplomática se encuentra inmersa en una grave crisis, como consecuencia de la sistemática transformación ideológica perseguida como meta por el gobierno del señor Correa, con la cooperación sumisa y obsecuente de sus cancilleres.  Además,  es inevitable reconocer que una parte de la responsabilidad en esta crisis corresponde a diplomáticos profesionales que antepusieron sus legítimas aspiraciones de ascenso en la carrera a los intereses institucionales, y que encontraron difícil distinguir entre el profesionalismo con que un diplomático debe contribuir a la ejecución de la política exterior y los principios y valores cuya escrupulosa práctica dio vigor y prestigio  a la diplomacia nacional.


Durante el gobierno anterior, a falta de una política internacional clara y definida, el Ecuador se caracterizó por tomar decisiones coyunturales de naturaleza ideológica que violaban  principios y valores tradicionales. Se usó la doctrina de no intervención en asuntos internos de un estado para desconocer la prevalencia de los derechos humanos, en casos tan evidentes como los de Venezuela o Siria. Se dejó deliberadamente en el olvido la “doctrina Roldós” que debe servirnos de guía fundamental en la materia y llenarnos de legítimo orgullo nacional.Se ejerció el derecho de otorgar asilo, no por razones humanitarias sino por conveniencias ideológicas, con lo que se desprestigió a dicha institución del Derecho Internacional. Se pretendió favorecer la integración de la “patria grande” mientras se atentaba contra la OEA y otras instituciones interamericanas de honrosa y larga tradición. Se contribuyó al debilitamiento de la Comunidad Andina mientras simultáneamente se apoyaba con generosidad financiera a proyectos sin sentido ni futuro como ALBA. Carente de una política económica internacional, el anterior gobierno despreció a los más importantes clientes comerciales del Ecuador y terminó aislando al país y favoreciendo a los competidores de nuestras exportaciones. La inversión extranjera, desdeñada por razones ideológicas, prácticamente fue eliminada y la asistencia técnica se transformó en una oficina burocrática ajena a la Cancillería. Son visibles los efectos del endeudamiento  y su concentración en una sola fuente. En lo tocante a temas institucionales, se desconoció a la Junta Consultiva, órgano asesor de irreemplazable valía, se eliminó la Academia Diplomática y se irrespetó sistemáticamente la Ley Orgánica del Servicio Exterior.


El presidente Moreno ha tomado algunas decisiones que presuponen la voluntad de introducir cambios positivos en varios aspectos de la política interna de nuestro país. En el ámbito internacional existen también simbólicas decisiones que presagian indispensables rectificaciones.


Creo que este es el momento en el que la diplomacia profesional del Ecuador se debe expresar, firme y decididamente, para lograr que tales cambios recorran los caminos más adecuados. Es necesario entregar, con el debido respeto pero con vigor y franqueza, los criterios de la diplomacia profesional, como una expresión de su deseo de cooperar con el presidente Moreno a fin de volver a encausar al país por las rutas auténticamente democráticas y progresistas que corresponden a una visión moderna de la realidad internacional.


AFESE tiene que jugar un papel de extremada importancia en estos momentos, planteando al Canciller las aspiraciones patrióticas de la institución y ofreciéndole su cooperación más eficaz para alcanzarlas.


La diplomacia profesional practicante de la ética  y respetuosa de principios y valores permanentes, quiere y debe servir al país con eficiencia, eficacia y dignidad. La mística no ha desaparecido pero debe florecer en cada uno de sus miembros. Para ello, su lenguaje ante los poderes del Estado debe ser franco, directo y vigoroso. Este es el momento de actuar con la mayor responsabilidad y sin temor alguno. 


Tal sería, en mi modesta opinión, la mejor manera de dar significado y sustancia al Día del Diplomático.


Sírvase recibir el testimonio de mi amistad y aprecio.


José Ayala Lasso



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